Barcelona tiene una estrella, la que apunta su centro. Lugar marcado en la geografía de mi ciudad. Atravesarla siempre tuvo algo de vertiginoso, un deambular por la cuerda floja que produce cosquilleo en el estómago. Una sensación que se me repite y que atribuía al mismo poder centrípeto de la plaza. Dispuesta en un círculo la estrella señala en el suelo un hito visible desde el aire y latente en el interior de la tierra. El vértigo de cruzar la plaza, de pisar la estrella dibujada sobre el suelo de mármol pulido que los días de lluvia se vuelve resbaladizo. Las habituales palomas picotean sobre el piso, todavía sobreviven los puestos ambulantes que las proveen de alimento, forman parte de este emblemático lugar y son el souvenir que aparece en todas sus fotos.
En su tramo superior la Riera d’en Malla era llamada Riera de Cassoles y dividia los términos municipales de Gracia y Sant Gervasi. La riera bajaba paralela a Passeig de Gracia y cruzaba el terreno sobre el que se creó la popularmente llamada plaça Catalunya. Fruto del trasiego y después espacio neurálgico, es la encrucijada entre el Eixample de Cerdà y la vieja ciudad amurallada. El monasterio de Santa Anna ocupaba desde el siglo XII parte de la zona baja, de él toma el nombre la riera a partir de este tramo. Las escaleras que descienden frente a la iglesia dan cuenta del cambio de nivel que anuncia el descenso al mar.
Junto a Santa Anna se localizaba una de las antiguas puertas de acceso más concurridas a la zona intra-muros. Su nombre da testimonio de una de las leyendas, que relata la aparición de un ángel en este mismo lugar. Sant Viçent Ferrer presenció ante una multitud la aparición sobre el muro de un ángel custodio, después fue la devoción popular y el Consell de la Ciutat quién le levantó una capilla. A pedir protección acudían las madres con sus hijos y las autoridades para frenar la peste, hasta que fue demolida junto con las murallas que cerraban el paso. La abertura de los muros significó más espacio para el tránsito de personas que entraban por esta zona a proveer de todo tipo de mercancías y comestibles.

Ramon Martí Alsina (1826-1894)
Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona
El Portal del Ángel fue primero de todo riera, después una calle estrecha, hoy es avenida y un acceso principal al centro histórico para la multitud que circula por plaza Catalunya. En el lugar del ángel custodio se edificó el Banco Nacional de España. El enorme edificio cubre toda la esquina y forma parte del decorado de la plaza. El banco reemplazó la capilla del ángel, el recuerdo del cual está presente en un pequeña escultura en la fachada del banco. Como si el poder bancario se hubiera apropiado de estar bajo los beneficios del ángel, o como si la custodia de la ciudad hubiera pasado a manos del banco. Una suplantación simbólica que atenta contra el significado de la leyenda y otorga al dinero el poder. Barcelona es bona si la bossa sona.

No es el único banco que flanquea la plaza, se instalaron tras la guerra civil, tomando el lugar de los cafés y billares. En tres de sus lados está presente el régimen financiero con sus estandartes de rótulos luminosos que se encienden al atardecer. El cuarto lado, el del norte, alberga los grandes almacenes de El Corte Inglés, que se enjalonan de manera especial para todas las fiestas del calendario, recordándonos la cita del religioso consumo.
La plaza en un inicio fue explanada donde proliferaban mercados, ferias, fiestas populares, eventos… un lugar de encuentro ciudadano. Más tarde se instaló por una temporada el circo la Alegría, luego para la exposición universal carpas con cafés. En 1897 abrió en la esquina con Passeig de Gràcia el Café-Restaurante Colón, después de su derribo se construyó el Hotel Colón, que además de mirador a la plaza jugó un destacado papel en el levantamiento de julio de 1936, al convertirse en refugio de militares rebeldes; para ser confiscado más tarde y convertido en sede del PSUC. Tras la guerra el hotel fue adquirido por El Banco Español de Crédito y convertido en su sede.
La Riera d’en Malla recogía el agua procedente de la Riera de Vallcarca y daba nombre a la estación de tren de Martorell ubicada en la actual esquina de Rambla Catalunya con Ronda de Sant Pere, desde ahí entraba y cruzaba los terrenos de la actual plaza Catalunya. Con la urbanización de Cerdà y el peligro que suponía su crecida con las lluvias torrenciales y el barro, fue desviado su curso a la altura de la calle Caspe

De plaza popular a plaza burguesa, el lugar fue cambiando con el signo de los tiempos. En 2011 el 15M tomó la plaza como símbolo de su actividad y centro nodal de una red que se extendió a todas las plazas de todos los barrios. La estrella de su centro se inflamó de luz al albergar el estallido de indignación general. La esperanza recorrió el mundo e iluminó centenares de pancartas, consignas, reuniones y asambleas en miles de lugares del planeta. Esos días se levantó un campamento provisional equipado con demandas y propuestas para cambiar el estado de las cosas. Un llamamiento que se hacía eco en toda la geografía española. Mientras las cosas del estado trabajaron a destajo para desinflar el movimiento, prender la discordia y mandar al orden a toda una generación de jóvenes. Los más veteranos y con experiencia esperaban que de un momento a otro el brazo represor entrara en modo violento. Así ocurrió, el 27 de mayo se anunció el desalojo inminente de la plaza. Su perímetro fue acordonado por la policía que irrumpió salvajemente en medio de una multitud pacífica. Sentados sobre la estrella y los anillos que la contenían, uno a uno los sublevados fueron arrancados del piso o reducidos a porrazos. Las imágenes que dieron la vuelta al mundo dan testimonio por si mismas. Resuelta la incomoda presencia de disidentes en la plaza, se decidió desde el ayuntamiento ocupar el espacio con una pista de hielo, no fuera que se volviera a las andadas. La gélida instalación ocupó furtivamente y durante meses el espacio simbólico. Transcurrido un tiempo prudencial se retiró el veto y se permitió a los barceloneses volver.

Ni los bancos, ni las grandes firmas comerciales que rodean la plaza pueden hacerle sombra. Ésta fue levantada por voluntad popular, haciendo uso del espacio, trazando recorridos, trajinando arriba y abajo, día tras día. Vendedores, mercaderes, payeses cruzaban a diario el lugar, entraban y salían de la ciudad amurallada por la Porta de l’Àngel bajo la atenta mirada de su ángel protector. A través de sus idas y venidas, año tras año el lugar fue tomado y su uso determinó su función. Tampoco los intereses políticos ni las cargas policiales podrán frenar la indignación que el 15M sembró en su centro y que se extendió como una gota de aceite por toda la ciudad. Justamente hoy al momento de concluir y publicar estas líneas se cumplen nueve años del movimiento que llegó a globalizarse con la participación de Occupy Wall Street.
Presente en todas las tradiciones, la estrella de 8 puntas, representa el símbolo más extendido de la Gran Diosa, de la naturaleza como madre fecundadora y de su diosa como protectora de las aguas y las cosechas. La estrella aparece representada sobre Innana la ancestral diosa mesopotámica protectora de la ciudad de Uruk, se creía que la justicia de la correcta organización social derivaba de ella, ordenando todas las formas de vida. También era diosa del amor y de la guerra, la equivalente a la Astarte fenicia, la Afrodita griega y la Venus romana.

Próxima al monasterio de Santa Anna la Riera d’en Malla descendía en dirección al Portal de l’Àngel, bajaba hasta la vieja plaza de Santa Anna, tomaba lo que ahora es la calle del Pi y pasaba delante de la iglesia hasta encontrarse con la Rambla. La riera cruzaba la plaza Catalunya, su presencia subterránea se percibe todavía en la estrella. Un entramado de túneles en el subsuelo de la plaza atraviesan las instalaciones del metro, los pasillos que transbordan de la línea verde a la roja situada en la zona de la calle Fontanella. En el lado del Zúrich se ubicaba el subterráneo Passatge de la Llum y la actual estación de los ferrocarriles.

El “Descenso de Innana” constituye uno de los más grandes mitos de la Edad de Bronce y que más a influido, anterior por lo menos 2.000 años al mito cristiano de muerte y resurrección. La diosa desciende al inframundo atravesando las siete puertas; encuentra la muerte colgada como un despojo y tras tres días regresa a la vida por mediación de Enki, dios de las aguas profundas. De este modo inaugura un ciclo de muerte y resurrección en la tierra, dando paso cada vez a la regeneración de la naturaleza. El ciclo vital de la diosa unifica el mundo superior y el mundo inferior, dando paso al mito lunar en el que la luna se sumerge en las tinieblas para volver a la luz.

Barcelona tiene una estrella de ocho puntas, la que simboliza a la diosa lunar Innana, la Isthar babilónica. Nina “Señora de las aguas profundas”, era el nombre arcaico que recibía, su representación era la estrella Sirio o Venus el lucero del alba. Ser centro y epicentro de lo tangible e intangible, del cielo, la tierra y del mundo subterráneo. Diosa de diosas, Luz del Mundo, Señora de la Victoria entre muchos otros títulos sagrados atribuidos a Innana, Anna “Madre del dios”. Su culto se mantiene vivo próximo a su estrella, en la parroquia de santa Anna. De la antigua plaza de santa Anna queda la monumental fuente, la primera fuente pública de Barcelona que traía sus aguas de la cabecera de la Riera de Vallcarca en Collserola, la misma que cruza la Plaça Catalunya.
