Barcelona estaba atravesada por numerosos torrentes de agua que nacían en la sierra de Collserola para ir a desaguar al mar. Con la progresiva urbanización de la ciudad las rieras y torrentes se canalizaron y taparon cambiando de forma radical el paisaje. Sin embargo la presencia del agua sigue presente y está latente bajo la capa de asfalto. Se evidencia en la superficie, en el nomenclátor, en la conformación urbana de edificios y espacios públicos. También condiciona la vida e incluso los acontecimientos que a lo largo de la historia han tenido lugar sobre este territorio que llamamos Barcelona. La propuesta artística Serps d’Aigua trata de rescatar esta especial geografía oculta para reconocer la ciudad y su construcción simbólica en la que el agua tiene especial protagonismo.

Con la intención de seguir el trazo de las rieras y su afectación el pasado mes de julio realizamos el primero de los recorridos perceptivos dentro del proyecto Serps d’Aigua. El recorrido iba acompañado de acciones que sobre el terreno situamos en lo que llamamos Agua Primera, la exploración en este caso de una de las cabeceras de la Riera d’Horta. El punto de partida era la salida de metro de la Vall d’Hebron, de allí subimos por la calle del Jordà a los jardines de Violant de Bar, donde hicimos una parada para explicar el trabajo en curso y su desarrollo. También comentamos la metodología que nos permite avanzar a través de la percepción directa del espacio, del análisis urbano y de la consulta sistemática de documentos y cartografía. Una investigación que se propone abierta y compartimos en línea con la mirada puesta en la percepción colectiva de los lugares comunes que habitamos.

Desde la plaza de los jardines situada en la misma torrentera de la Font del Bacallà subimos a una cota más alta bordeando la ladera de la montaña y nos dirigimos por la parte media del barrio a la Pedrera de Montbau situada junto al torrente del Montbau. Un lugar excavado directamente sobre la roca y que acoge actualmente un espacio ajardinado en cuyo centro se despliega una espiral escultórica. Desde aquí se abre un balcón que alcanza el horizonte marítimo de Barcelona y que encontramos amenizado por un improvisado concierto de percusión con merienda incluida. Y es que el lugar invita al reposo y en nuestro recorrido funcionó como puerta de acceso y umbral al reino natural de Collserola. En este punto nos relajamos para dejar ir el estrés de la vida urbana y prepararmos para entrar en la dimensión de la montaña. Antes de partir realizamos una primera acción sobre la tierra seca con agua procedente de la fuente de Can Barret en Montbau, dibujando la red de torrentes que conforman la riera de Horta.

Atrás quedó el asfalto. Tras una última cuesta accedemos al camino que discurre sobre el barrio paralelo a la línea de costa abriéndose plenamente el horizonte. La senda, a modo de desfiladero y abrigada por una masa forestal de coníferas, resigue en una misma cota una panorámica inigualable hasta alcanzar un cruce de caminos. Tomamos el camino de la izquierda y nos adentramos en el bosque. La percepción del lugar cambia completamente, ahora nos sentimos conducidos entre la sombra de las encinas hasta llegar a un claro de bosque que a modo de plaza sitúa en uno de sus lados una construcción de madera, son las casetas de un merendero. Sendos robles a ambos lados del camino nos anuncian la llegada a un lugar singular, no serán los únicos que a modo de puertas nos iremos encontrando a lo largo de nuestro recorrido. Pasamos una bifurcación del camino y traspasamos el umbral de los robles, subimos el promontorio atravesando un pasillo entre una cubierta, cerramientos de madera, sillas plegadas y el porche bajo el cual está estacionado un coche.

Llegamos a lo que parece una propiedad privada y a nuestro paso salen gatos a recibirnos. Los hay en gran número, pequeños y grandes, algunas crías permanecen en la sombra bajo la abundante vegetación de un arbusto que preside un espacio central entre escaleras de piedra. Dichas escaleras desembocan a modo de altar en una pequeña construcción que permanece abierta tras los barrotes de una puerta de hierro. Metemos la cabeza entre los barrotes y en cuestión de segundos, cuando nuestros ojos se han acostumbrado a la oscuridad, aparece un deslumbrante retablo dorado presidido por tres figuras. Estamos a los pies de la ermita de Sant Cebrià i Santa Justina, un enclave que con algunas modificaciones permanece todavía en pie desde el siglo XIII. El lugar ocupa literalmente la cima de la colina que situada junto a la confluencia de dos torrentes deja paso a un camino que conduce a la Font de la Llet. El fértil torrente de la Font de la Llet alberga cultivos en terrazas y da paso a una frondosa floresta que se adentra en la montaña. No podíamos imaginar tanta espesura entre maleza, árboles, plantas trepadoras y huerta. La situación estratégica de la ermita no es casual y responde al poder telúrico de esta tierra entre aguas. Más abajo el torrente de Sant Cebrià se abre paso entre encinas y robles, bordeando en su cota más baja la pista que conduce al barrio de Montbau. El curso del agua deja a cada paso un estallido de vida que se manifiesta exuberante entre la sequedad del bosque de pinos característica de esta vertiente de Collserola. La presencia del agua se hace sonora en la fuente que junto a la ermita abastece la masovería, que todavía de forma interrumpida desde hace centurias, sigue cuidando el sitio. Un lugar que según la tradición ha acogido a personalidades tan relevantes como San Ignacio de Loyola, cuando en busca de un lugar apartado de la ciudad se retiró al silencio de estas montañas en su camino hacia Tierra Santa. Su actual masovero nos da la referencia también de la estancia de San Francisco de Asís en su peregrinaje a Santiago de Compostela. La presencia de la ermita es sin duda el tesoro que esconde este paisaje de torrentes que desde la parte alta de Collserola vierte sus aguas a la ciudad.

Los límites naturales de los torrentes son a veces abruptos y en el caso de Montbau es de extrema plasticidad. Delata el trato que recibe el curso de vida que despliega el agua viva en contacto con la zona urbanizada. Como si se tratara de una frontera, una verja levanta un muro infranqueable de veinte metros de ancho que retiene el avance del verde a la altura del Recinto Mundet. A partir de aquí el torrente se adentra por el subsuelo y desciende ladera abajo hacia el Pla de Barcelona. Desaparece de un plumazo bajo una explanada con frondosos plataneros sobre la que realizamos una última acción con el agua de mina recogida en la fuente de la ermita. El sobrante del agua lo vertemos por los desagües que en superfície comunican con la profundidad del torrente y que se pueden reseguir por tramos hasta el final del recinto.

Nuestro recorrido acabó frente al verde muro fronterizo que detiene el torrente de forma abrupta. Su fuerte impacto proyecta sobre nosotros la imaginaria línea divisoria que antaño dividía el mundo en dos opuestos, lo natural y lo culturalizado. La previsión era alcanzar el Laberint d’Horta y apreciar el juego recreativo del agua. Los jardines diseñados para el disfrute de la familia Descamps pertenecían, al igual que una extensa propiedad que incluía la ermita de Sant Cebrià i Santa Justina, al marqués de Alfarràs. El Laberint es un jardín museo del siglo XVIII situado entre dos torrentes, el de Can Ballús y Can Notari, en el cual el agua procedente de una mina es la protagonista articulando todo su recorrido. Tanto los jardines del Laberint d’Horta, considerados los más antiguos de la ciudad, como la ermita han sobrevivido hasta nuestros días formando parte del paisaje de torrentes de la Riera d’Horta. Ambos son patrimonio de Barcelona y nos dan cuenta del potencial que las rieras esconden bajo el asfalto en un momento en que la ciudad necesita recuperar su hábitat natural y la cultura ecológica plantea alternativas sobre el uniforme pavimento gris urbano.

Con Agua Primera iniciamos el pasado 11 de junio la primera de las acciones públicas de Serps d’Aigua, un proyecto artístico del colectivo Sitesize producido por el Centre d’Art La Capella perteneciente al Institut de Cultura de Barcelona. Habrán más acciones a lo largo de este año, la investigación sigue abierta y nos podéis seguir en la web rieresocultes.stream. Al cierre de esta edición estamos preparando nuevas convocatorias públicas para descubrir y releer la ciudad con otros ojos, los que nos acercan a la tierra que conforma nuestro hábitat y a la que pertenecemos.

Artícle redactat per a la Revista independent d’Horta Guinardó
Número 09, Any 4 Època IV, Octubre 2020
Agraïments a Neus Moyano
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